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Ojo con la autoexigencia

La autoexigencia y la autocrítica son importantes para crecer como persona, mejorar, superarse, ser la mejor versión posible de nosotros mismos. Es importante saber ver nuestros errores, las cosas que podemos mejorar, y las que no. Aceptar nuestros fallos y aprender de ello.

Entonces, ¿cuál es el problema cuando decimos que somos demasiado autoexigentes?

Para poder valorar si nuestra autoexigencia es constructiva o destructiva hemos de prestar atención a cómo nos hablamos, a nuestro diálogo interno.
¿Nuestra autoexigencia se manifiesta de forma déspota, autoritaria y agresiva con nosotros mismos?, o por el contrario observamos nuestros errores de forma constructiva, sabiendo motivarnos, nos hablamos respetuosamente, ¿valorando los éxitos y haciendo propuestas de mejora frente a lo que no sale bien?

Cuando nuestra autoexigencia es negativa para nosotros, solemos:

● Hablarnos con lenguaje peyorativo, de forma desagradable e incluso violenta.
● Señalamos solamente los errores de forma exagerada, poniendo en duda todas nuestras capacidades por un error o fracaso. Nos olvidamos de que el fracaso es un episodio, no la persona.. y de que los errores forman parte del proceso de aprendizaje.
● Nos decimos cosas como “Tengo que hacerlo bien”, “No puedo fallar”, “No te equivoques esta vez”.. “Tengo que”, “Tengo que..” de forma constante. Resaltamos el “Deber” cumplir con las expectativas. De esta manera en lugar de automotivarnos nos metemos mucha presión, y nos quemamos a nosotros mismos.
● La expectativas son exageradas: buscamos la perfección, o el no equivocarnos. Un listón siempre demasiado alto.
● Menospreciamos nuestros logros, los pasamos por alto o los damos por hecho.

Cultivamos una autoexigencia constructiva: el buen líder interior.

● Nos hablamos desde el cariño y el respeto. Señalamos nuestros errores y lo que podemos mejorar con respeto
● Somos objetivos en las valoraciones que hacemos, analizamos la situación concreta sin generalizar.
● Buscamos automotivación, no presión. una buena manera es cambiar los “tengo”, “debo”, etc. por “quiero”, “me gustaría”.
● Expectativas realistas: nos centramos en las metas a corto plazo, con una buena planificación de objetivos. Centrándonos en ir superando escalón por escalón nuestras propias marcas, en lugar de ponernos listones muy altos (o imposibles). Para avanzar es importante plantearnos retos que supongan una cierta dificultad (para que nos motiven y no aburrirnos) pero no demasiada como para desmoralizarnos por verlo demasiado difícil.
● Una buena autocrítica implica no sólo reconocer los errores sino aprender de ellos: qué podemos sacar del error para mejorar, o qué podemos aprender.
● Sabemos ver nuestros logros y los valoramos. Para sacar lo mejor de nosotros mismos es importante valorar nuestros logros, ver lo que se nos da bien y centrarnos en nutrir nuestros propios talentos.
● Es importante querer superarnos, pero teniendo en cuenta nuestra energía y nuestras necesidades. No priorizar el esfuerzo por encima de todo, sino dar espacio también al ocio, vida social y familiar, etc. Si queremos avanzar y crecer debemos cuidarnos en todos los aspectos, encontrar nuestro ritmo adecuado, si forzamos la máquina acaba por romperse y en lugar de avanzar nos quedaremos bloqueados.
● No valoramos solamente los resultados sino todo el camino. Se trata de disfrutar y aprender por el camino, valorar el esfuerzo y no sólo los resultados.
● Se trata de crecer y mejorar, esforzándonos y a la vez disfrutando del camino. Sin someternos a estrés, por lo que buscamos automotivarnos y centrarnos en lo positivo.

Reeducando a nuestra autoexigencia:
Si notamos que nuestra autoexigencia nos oprime, nos genera angustia y estrés, podemos analizar los factores a mejorar.

Algunos aspectos a trabajar para ello son:

● Trabajar un buen estilo de comunicación: ser asertivos, hablarnos desde el respeto y el cariño.
● Definir unos objetivos adecuados: ser realistas, y planificar objetivos escalón por escalón. Que cada paso suponga un reto que nos motive, pero que no sea tan grande que nos desmoralice
● Respecto a lo anterior es importante definir nuestros objetivos en función de nuestra capacidad. No en ideales de perfección.
● Evitar compararnos peyorativamente, en lugar de eso que las personas que admiramos nos sirvan de inspiración y aprendizaje. No querer “ser como otros”, sino aprender del ejemplo de otros para crear nuestro propio camino.
● Centrarnos en el proceso de mejora, en optimizar nuestro método.
● Disfrutar del camino. esforzarnos desde la automotivación, y disfrutar del proceso de aprendizaje y mejora personal. Vivir en el presente: que tus metas sean tu motivación, y en el camino hacia ellas disfrutes de tu día a día.
● No castigarnos por las equivocaciones sino centrarnos en qué puedo aprender de ellas. Ser consciente de que los fallos son parte de cualquier aprendizaje.
● Automotivarnos desde el cariño. Animarnos de forma realista resaltando nuestras capacidades.

 



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