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“Cuando camines, camina. Cuando comas, come”

La vida siempre está en el ahora, y los que no sabemos vivir el presente somos nosotros.

Generalmente, nos pasamos más tiempo del deseado vagando en algún lugar entre el pasado y las preocupaciones del futuro.
Vivimos en una sociedad es generadora de multitud de información, marketing, y estos compiten de manera feroz por nuestra atención. Las obligaciones diarias, las urgencias, las notificaciones, la tecnología y las constantes interrupciones hacen el resto para sacarnos del preciado presente.
Todos estos son elementos que desvían nuestra atención, convirtiéndonos en ocasiones en marionetas emocionales, hipnotizados por tanto ruido y dispersión; algo que nos roba la energía física y mental, perjudicando nuestra calidad de vida emocional, reduciendo también la concentración y la productividad.

¿QUÉ ES VIVIR EL PRESENTE? ¿QUÉ SIGNIFICA EL AQUÍ Y AHORA?

Escuchamos muchas veces vive el presente, pero ¿qué es realmente eso?. Ante todo es ser capaces de mantener nuestra mente y nuestra atención en el aquí y ahora, ser capaces de vivir el momento actual, para no perdernos la vida distraídos en pensamientos del pasado y el futuro.
El objetivo es aprender a proteger nuestra mente de tanto ruido y dispersión, para mejorar la capacidad de atención al presente y así mejorar nuestra calidad de vida emocional.

Además de la meditación, te proponemos algunas de las claves para aprender a vivir más el presente:

1. Acepta todo lo que llega a tu vida. Uno de los principales principios del mindfulness implica centrarse en el momento actual, sin realizar valoraciones ni emitir juicios sobre lo que sucede. Se trata de aceptar las experiencias tal y como llegan, sin ponerles una etiqueta positiva o negativa, de vivir el ahora.

2. Practicar la gratitud. El agradecimiento ahuyenta la preocupación y nos ayuda a enfocarnos en el presente, en lo que sí tenemos, en vez pasarnos la vida pensando en lo que nos falta, lo cual genera la sensación de carencia, de preocupación y ansiedad, de no haber logrado lo bastante. Cuanto más agradecidos somos ,menos preocupados y más agraciados nos sentiremos. ¿Cómo puedo agradecer más lo que tengo?.

3. Observar el aquí y el ahora. Detente, o al menos, enlentece tu ritmo, respira, observa a tu alrededor, madruga para ver un amanecer, un atardecer, pisa la hierba descalzo, aprecia el olor del café, del nuevo día. Mira menos hacia abajo, al móvil, la vida no está en las pantallas ni en el hacer continuo; levanta la cabeza, observa las nubes, el cielo, la naturaleza, pon atención a lo que te rodea, aprecia y da gracias por las pequeñas cosas que, a estas alturas, ya sabes que son las grandes.

4. Enfócate en lo importante. ¿A dónde va tu mente cada mañana? A donde va tu mente, allí va tu energía. Si no tenemos unos objetivos, prioridades y metas claras, la dispersión nos ataca como un virus y se adueña de nuestra mente y nos roba la energía mental y física. Cuando tenemos las prioridades claras y los objetivos definidos, tenemos un mayor control, una sensación de mayor sentido y dirección y nos ayuda a divagar menos y estar más en el presente.

5. Pon atención a tus pensamientos y emociones. Cada vez que entramos en espirales de pensamientos y emociones negativas, tenemos que parar y profundizar, para darnos cuenta hacia dónde va nuestra mente. Nos daremos cuenta de que lo más probable es que se haya perdido divagando entre preocupaciones imaginarias, anticipando situaciones negativas o magnificándolas de manera catastrofista.
No te creas todo lo que piensas, no eres tus pensamientos; son solo eso: pensamientos, no realidades. Pero nuestro cuerpo no las distingue y eso nos hace sufrir innecesariamente, así que no les des tanta importancia y déjalos pasar. Por eso, es tan importante conectar con el presente, respirar, recuperar la atención y dirigir nuestras acciones al ahora, a lo que sí podemos hacer en este momento.

6. Suelta la necesidad de control. La obsesión por el control y la seguridad provoca justo el efecto contrario, ya que nos llena de incertidumbre, ansiedad y preocupación en el presente. Cuando más fuerte sea la necesidad de seguridad, más sufrimiento. Es entonces cuando nos pasaremos la vida persiguiendo eso que creemos que nos dará la seguridad y siempre parece que es algo que está más adelante, en el futuro, en otro momento mejor y ese es el verdadero aniquilador del presente. La verdadera seguridad proviene de la confianza en uno mismo para enfrentarse a las situaciones que aparecen en nuestra vida con más seguridad y determinación. Observa y date cuenta de tus capacidades, habilidades, virtudes y fortalezas.

7. No te quedes atrapado en el pasado. Aprender a convertir cada derrota, cada fracaso y cada problema en una lección de vida, aprendizaje y superación. Perdona y perdónate, porque es necesario para avanzar libre.

Aprender del pasado si, pero no vuelvas atrás con remordimientos de lo que podría haber sido o lo que podrías haber hecho. Lo más seguro es que en aquel momento hiciste lo mejor que pudiste con lo que sabías en aquel momento. Ya no eres aquella persona, has crecido y evolucionado, así que deja de mirar atrás y céntrate en el presente, que es donde vives y donde estás ahora.

8. Desconecta para conectar. Trabajar sin parar, sin descanso, sin desconectar, reduce nuestra capacidad de ser realmente productivos, reduce la concentración y la capacidad de disfrutar del presente. Autoexigirnos de manera desproporcionada no nos hace mejores y sí nos hace sufrir más. Aprende a parar, a desconectar para respirar; ten momentos de calidad para ti. Te mereces esos pequeños regalos de tiempo para observar, sentir, parar el mundo, apreciar lo bueno que sí tienes alrededor, preocuparse menos por el futuro y dar gracias para vivir y disfrutar más en el presente.



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